Un día como hoy, hace cuatro años, dejó de acompañarnos físicamente, el Moro, mi padre. Digo físicamente, aunque parezca evidente, porque estoy seguro que la huella sigue latiendo en nosotros y nos acompaña por donde vayamos.
En los días oscuros de Buenos Aires, en aquellos en los que parecía que todo se derrumbaba, siempre aparecía un letrero, un aviso, una palabra, que leí como mensajes suyos.
Hoy frente a la tumba, no sentí pena. Lo sentí a mi lado como siempre. Me imaginé que hoy se juntaría con sus nietos y les hablaría de volcanes y lava. Les explicaría la (Leer más)


Comentarios recientes
hace 1 mes
hace 2 meses
hace 2 meses