No había carteles a la llegada, no había familia ni amigos, sin embargo aquí estamos de vuelta en el terruño.
Sí hubo amigos en Ezeiza, compañeros de los niños que llegaron con bandera argentina, con poleras con historia, con regalos y buena onda. Nos hicieron llorar a todos. Es que es duro partir.
Es extraña la sensación que tengo. Me da la impresión de vivir ahora el desarraigo, aunque por muchos motivos (más bien de burocracia y organización) no me entusiasmaba dejar a la familia más tiempo lejos.
Extrañaremos salir a comer varias veces por semanas sin dolor de bolsillo, el café en Nucha y los helados en Freddo. No extrañaremos las colas para la documentación (¿còmo sera para los extranjeros en Chile?), no la inflación galopante.
Nos faltarán los libros (o sus precios), el tango al aire libre en barrancas de belgrano. Me hará falta river en el monumental (aunque con la campaña de este año...).
Pero vuelvo, vida vuelvo a vivir en mi país.



Muy bienvenido, Pavel!
Siempre es bueno volver... por estar y por añorar.
Un saludo navideño cariñoso,
M.