El domingo aquel, mi mujer llegó de su viaje a Buenos Aires y me sentí como un niño “pillado” por la madre. Cómo contarle suavemente, cómo atenuar el desastre que significaba la gotera, la falta de agua caliente en el piso de abajo y una instalación aún incompleta.
Creo que hice lo correcto. Le conté la pura y santa. Así no más, con un mínimo de anestesia. Claro, no vio lo que yo a la mañana siguiente. El agua ahora caía por el borde de una ventana, y en varios lugares de la biblioteca que tenemos instalada allí, el agua deformaba la pintura con bolsas que parecían prontas a estallar.
Por supuesto, aún no escuchábamos nada de los instaladores. Yo tenía que irme a la oficina temprano para luego volver al mediodía a buscar una maleta con la que me voy de viaje de negocios. Ey, papá se va de viaje de negocios… Gabriel, el menor con fiebre, la gotera que sigue, en la oficina todo el mundo quejándose de robos, y la sensación de desbande que a mi entender no se justifica.
¿O se justifica? Nada es blanco o negro. Pero mira, te pongo un ejemplo. Después de cuatro meses de insistir, por fin el jueves los de IT se decidieron a cambiar mi mail de servidor. Lo bueno es que no me avisaron hasta que el viernes fui a reclamar porque no me llegaban mails que esperaba y clientes me avisaban que sus mails les rebotaban. Gracias a dios, se supone que mis mails antiguos (que no aparecen) están guardados y pronto me los devolverán. Pero, les digo yo, ¿era muy complejo avisarme para tomar ciertos resguardos? Por ejemplo, hay algunos mails que debo contestar y no puedo, lecturas que no puedo leer, etc. Ok, ya pasó. Pero ¿quién se encarga de que esto no vuelva a ocurrir?
A propósito de volver a ocurrir, aún no me responde un amigo que hace algunos años me pidió formara parte del grupo de socios fundadores de una empresa y dos años después acordamos firmar mi escritura de salida. El pequeño detalle es que esa escritura no la presentó a Impuestos Internos, y ahora allí están bloquedos unos escuetos cheques con devoluciones de impuestos y mi situación es la de un “profugo” o algo así. Claro, nadie se ha presentado a entregar la escritura, y mi amigo me promete que en la semana queda todo listo.
Te cuento un secreto, todo esto pasa, pero no hay nada que se compare a la sonrisa de mi mujer despidiéndome frente al auto que me lleva al aeropuerto y la cara de Gabriel recitando algo sobre las tildes en las palabras con diptongo de vocal cerrada y vocal abierta, asi como las reglas generales de acentuación. Al final del día lo que cuenta es ver el vaso medio lleno (y que sigue llenándose con la gotera que ahora dicen haber solucionado).
Ha pasado el tiempo desde las goteras, la instalación aún no se termina, y tal como lo dije en algún otro post, la imagen que queda de este tema es de gran improvisación. Lo asocio con el seminario Imagen País al que asistí este viernes... la imagen país no puede ser diferente de cómo nos vemos nosotros mismos, no debe ser un ideal sino una realidad... no voy a generalizar este ejemplo... pero...


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