Me encontré con un amigo en el duty free shop del aeropuerto de Londres. Cristián trabaja muy cerca de mi oficina y como vivimos en el mismo emprendimiento inmobiliario, muchas veces compartimos transporte a nuestras oficinas.
- Y tu ¿sabías que en Disney usan el “Pata Pata” de Myriam Makeba en unos juegos?
- ¿Y esa quién es?
- Una cantante anti apartheid acusada de comunista y exiliada primero de Sudáfrica y después de Estados Unidos. ¿No te parece contradictorio?
- No desde que el Ché es un símbolo del marketing y un gran generador de riquezas a través del merchandising.
- Bueno, como la mayoría es falsificado, socializa lo que genera en riqueza, en eso es consecuente…
- ¿Sabes que en Argentina ganó una votación como mejor representante del “gen argentino”?
- ¿Cómo es eso del gen? Si el Ché no tenía nada de italiano, ni de judío, tampoco era corrupto, ni preocupado de la facha, es decir no tenía nada de un supuesto “gen” argentino…, ni siquiera está claro si le gustaba ser argentino.
- ¿Por qué lo dices?
- Pues, porque si no no se entiende que hubiera andado buscando patrias afuera.
- Bueno, con todo eso ahora podría ser una nueva atracción en Disney, imagínate, ya tienen Epcot, Magic Kingdom, Animal Kingdom… ahora podrían hacer el Revolutionary Kingdom, con Hall of Fame, con una gran montaña rusa que represente los buenos y malos momentos de las revoluciones y sus movimientos…
- Sigue, parece interesante…
- Venderían replicas de las armas más famosas, banderas de los distintos movimientos, habrían juegos de simulación bélica, paint ball, héroes y villanos,
- Estás loco, eso no lo podrían hacer en los Estados Unidos…
- ¿Cómo que no? En Epcot en el Pabellón de China venden bolsos y camisetas con la imagen de la hoz y el martillo, con la foto de Mao. Además, allá los revolucionarios son amados o rechazados según son útiles o no al imperio, mira Lumumba, Saddam, Mandela, ¿quieres que siga? Todo parece cambiar en el mundo mucho más rápido de lo que podemos darnos cuenta.
Me quedé pensando que en realidad Cristián podía tener razón. Que las revoluciones que iluminaron nuestra juventud quedaron varadas en el tiempo, como ballenas en una playa solitaria, quedé pensando que quizás es porque me estoy poniendo viejo, que ahora veo las cosas con otros ojos.
Pensé en cuál es la nueva revolución por hacer. Una ya sin muertes, pero que genere cambios, que abra caminos, que alimente esperanza.
En eso estaba cuado vi el disco nuevo de Bryan Ferry. Se llama Dylanesque porque son su visión de temas de Dylan. Me quedé mirando el disco mientras Cristián estaba en otra cosa. Y allí estaba. The times they are changing.



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