Me preguntaron cómo iba con mis temas de energía solar. La respuesta puede ser corta o larga.
La corta, es que todos los días nos bañamos y lavamos con agua caliente sin usar un gamo de gas, sin emitir o distribuir ni una partícula de emisiones tóxicas al ambiente, sin contaminar más que por el jabón que se va junto al agua por las cañerías y por el cual pago por descontaminar, al igual que todos los santiaguinos.
La larga es decir además, que hemos ido haciendo el aprendizaje, que los vecinos no siempre entienden que hay que hacer pequeños sacrificios estéticos (en este caso bastante pequeños por lo demás) y que extrañamente, pese a todo esto, la cuenta del gas no necesariamente ha bajado. Estoy investigando porque al parecer, se leen cada vez menos los medidores y las compañías asumen ciertos gastos mensuales, hasta que llega el momento de hacer los ajustes.
Todos los días acumulo agua a 60 o 70 grados y eso es más que suficiente para duchas agradables, aunque (por este y otros motivos) tenga que decirle a los niños que la duración de la ducha debe ser menor a la que al parecer se han ido acostumbrando… pero si no cuesta nada calentarla, dicen… pero el agua no es gratis, digo.
También tengo que decir que me siento bien de haber hecho la inversión, que quizás algún día recupere, porque mal que mal es un granito de arena. Y creo sentir que el cielo tiene un brillo distinto y se respira mejor en mi barrio, mi comuna, mi cuidad y mi país.
Por otro lado, siento que todavía se sabe muy poco de todo esto y estoy seguro de que el aprovechamiento de la inversión podría ser aún mayor, pero en este país seguimos bastante la política del maestro chasquilla.


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